REUNIFICACIÓN NACIONALISTA

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El contexto político en el que se encuentra el Estado español, de suma incertidumbre y cambios electorales profundos, demanda un análisis somero de las oportunidades que el nacionalismo canario puede tener en su expansión y profundización de la construcción nacional y el bienestar de la sociedad del archipiélago. 

Espacio REUNA

Una mirada compartida
MÁS ALLÁ DE LAS FORMACIONES POLÍTICAS

Es necesario compartir un análisis del momento actual para el nacionalismo que vaya más allá de los respectivos análisis y autocríticas que se puedan hacer dentro de cada organización.

 

Sin este ejercicio previo, que renuncie efectivamente a los ajustes de cuentas con el pasado lejano y reciente pero también a una mirada exclusivamente desde la propia organización, será difícil lograr un marco de entendimiento mínimo que trascienda las propias formaciones políticas.

El espacio político-electoral nacionalista constituye una realidad sólida que, con las lógicas variaciones coyunturales, continúa expresándose de manera evidente en las diferentes convocatorias electorales. Pese a los denodados intentos del sucursalismo, el nacionalismo sigue siendo una realidad que configura un mapa electoral particular, como no podía ser menos. Constituiría una irresponsabilidad que los nacionalistas no tuviéramos este hecho como la principal demanda que un amplio sector de la sociedad nos plantea. 

La actual situación de fragmentación del nacionalismo canario constituye una dificultad añadida para la articulación de un modelo de desarrollo político, social, económico y cultural autocentrado en Canarias. La competencia entre fuerzas nacionalistas, en la mayoría de las ocasiones, conduce a escenarios de victoria-derrota que debilitan cualquier posibilidad de hegemonía.

El sistema de partidos actual, con una mayoritaria presencia de partidos de ámbito estatal, presenta una oportunidad para la articulación de una fuerza estrictamente canaria que vele por los intereses de las islas tanto en las Cortes Generales como en el Parlamento de Canarias. Los partidos sucursalistas han demostrado históricamente ser completamente inútiles para este objetivo. A mayor fortaleza del nacionalismo, mayor presión al Estado. A mayor presión al Estado, mayores logros para las islas.

Cualquier análisis de la realidad política canaria mínimamente válido exige una doble mirada: al eje izquierda-derecha y al eje nacionalismo-sucursalismo. Negar cualquiera de estos dos vectores es un error analítico particularmente grave en una sociedad tan compleja como la nuestra. 

 

En ambos ejes, el nacionalismo canario debe buscar deliberadamente la transversalidad antes que desconocer su existencia. Debe aspirar a integrar, con mirada amplia, las distintas sensibilidades que se dan de hecho: desde el centro-liberal hasta el centro progresista, desde el regionalismo moderado o el autonomismo hasta el independentismo gradualista, pasando por posiciones federalistas, autodeterministas, etc. y a todos los sentimientos identitarios que se dan en las islas, buscando potenciar la canariedad como expresión primera.

 

Debe orillar conscientemente las expresiones más radicales y extremistas de todo tipo que vayan en contra de la centralidad hegemónica a la que debe tender. 

De igual manera, el nacionalismo canario debe aspirar a representar a las mayorías populares de las islas:  personas asalariadas, en situación de desempleo, autónomas, empresariado pequeño y mediano, profesionales liberales, jóvenes, pensionistas, etc. impulsando especialmente el avance a todos los niveles de la mujer canaria, evitando aparecer retratados como los representantes de los intereses de unos sectores minoritarios, dejando de lado a las amplias mayorías canarias. El nacionalismo canario moderno debe aspirar a ser la expresión política de la canariedad popular

El proyecto nacionalista que se pretende debe legitimar y defender el autogobierno como único camino para el bienestar de la totalidad de la sociedad de Canarias. Que los beneficios del Buen Autogobierno alcancen a la mayoría de la sociedad constituye la fórmula para que ésta se apropie de su defensa y blindaje.