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La crisis catalana y Canarias

Con los acontecimientos derivados de la sentencia al procès del pasado martes, algunos amigos y conocidos de la profesión me han preguntado qué efectos podría estar causando en la sociedad canaria el actual contexto que se está viviendo en Catalunya. En este artículo intentaré resumir algunas consideraciones al respecto que considero ayudarán a hacerse una idea al respecto.


En primer lugar, a nivel electoral el proceso soberanista catalán es visto por la ciudadanía canaria con algo de distancia. Evidentemente, la información consumida a través de los mass media generalistas hacen que la opinión pública se mantenga atenta y cree sus propias consideraciones, pero esto no causa per sé en un efecto político y electoral. Los datos ofrecidos por las encuestas poselectorales del CIS para las elecciones generales y autonómicas del pasado abril y mayo muestran que el conflicto catalán, o su derivada crisis territorial, no se encuentran entre las principales preocupaciones del ciudadano canario. Como pudiera suceder en otros territorios del Estado como Andalucía o Madrid donde los partidos conservadores han obtenido rédito del conflicto territorial e identitario, en Canarias esto provoca escasa o nula atención. Ejemplo de ello fueron los pésimos resultados de VOX, o el moderado apoyo a Ciudadanos en las pasadas elecciones generales y autonómicas.


Aunque el sentimiento nacionalista en Canarias es bastante considerable, siendo la Comunidad Autónoma por detrás de País Vasco y Catalunya en mayor nivel de identificación nacionalista, esta no se proyecta en términos soberanistas. El ciudadano canario catalogado como nacionalista se vincula a aspectos territoriales como el sentimiento isleño, cultural o paisajístico. En contraste con el nacionalismo catalán o vasco que se proyectan bajo una visión de construcción de un demos exclusivo, en Canarias se realiza en una esfera cultural más que política. Por tanto, la empatía social que pudiera tener este electorado con sus homólogos catalanes es escasa o nula, y así lo reflejan las tibias declaraciones de los principales líderes nacionalistas canarios. No así en los sectores minoritarios del independentismo, que como es lógico sí se muestran a favor de la causa secesionista.


Sin embargo, son las ideas que mantienen los líderes conservadores las que sí pudieran tener efectos en las islas. Tanto Pablo Casado como Albert Rivera han cuestionado las competencias de la Generalitat catalana, apelando constantemente a la intervención del Estado desde la aprobación del artículo 155 de la Constitución Española. Lo que se desprende es una peligrosa e irresponsable idea: el cuestionamiento de las Comunidades Autónomas y, por ende, la puesta en duda del autogobierno como uno de los pilares constitucionales. Abrir un debate sobre la capacidad de gestión de las competencias por parte de una Comunidad Autónoma es innecesario, puesto que esto no está en el sentir de la ciudadanía. Tanto en Canarias como en el resto del Estado existe un consenso sobre el modelo territorial, derivado de más de treinta años de construcción territorial donde cada autonomía ha sido legitimada por su propia ciudadanía a través de sus respectivos Parlamentos. Es más, si la situación de tensión entre Catalunya y el Estado existe hoy día es precisamente por lo contrario de lo que abogan los conservadores, por la falta de mayores cuotas de autogobierno. En Canarias, por ejemplo, existe un consenso mayoritario a favor al Estado de las Autonomías, pero también se refleja niveles considerables de deseo por mayor descentralización. Así, los políticos deberían de ser cautelosos a la hora de generar demandas en territorios donde el debate no se ha abierto con tanta virulencia como en Catalunya. El Estado compuesto español está perfectamente legitimado en la Constitución española, y proponer su reducción o abolición es tan inconstitucional como elaborar un referéndum de independencia.


Así las cosas, el conflicto que se está presentando entre Catalunya y España no es ajeno a la sociedad canaria. Más que una preocupación, las canarias y canarios deberíamos estar ojo avizor a las consecuencias que se produjeran en el modelo territorial. Los mayores logros en bienestar y competitividad se han logrado bajo la manta del autogobierno, y su reconocimiento a través de sus ramificaciones competenciales es unánime por parte de la ciudadanía. Utilizar una crisis democrática, de no reconocimiento de dos demos contrapuestos, para involucionar lo que hoy día es incuestionable es, como poco, de suma irresponsabilidad. Si esto pasara, tanto la sociedad canaria como la del resto del Estado deberían de reaccionar. Catalunya nos ayudó a poseer un autogobierno, y Catalunya puede ser el conejillo de indias para quitárnoslo.


FUENTE: Ayoze Corujo Hernández, politólogo y analista político. @ayoze_uam