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Nacionalismo canario: poliédricas miradas


El foco mediático ha estado situado estos últimos meses en lo que sucede en el Estado, con el decepcionante espectáculo de formaciones políticas incapaces de buscar el entendimiento y que pretenden no asumir su responsabilidad y trasladarla a los ciudadanos y ciudadanas. Pero también suceden cosas en esta tierra. En Canarias, y no ajenos a esa coyuntura preelectoral, se comienza a debatir sobre el futuro del nacionalismo. Desde diferentes perspectivas. Con todavía, a mi juicio, insuficientes voces y escasas concreciones.


Me detendré en dos aportaciones recientes. Una de Edmundo Ventura en el semanario digital Tamaimos (El poliedro nacionalista canario) y otra de Juan Manuel García Ramos (Nacionalismo canario: mirada amplia), publicada en Diario de Avisos. Ambas comparten una sincera preocupación por la situación actual de ese espacio socio-político-electoral. Y, asimismo, apuntan algunas actuaciones para comenzar a desbrozar el camino y avistar un futuro sólido y unitario.


En el primero de ellos, Ventura considera “no solo imprescindible, sino inevitable” el entendimiento entre todos los grupos de distintas tendencias y orígenes que hoy forman parte del nacionalismo. Aunque no tiene nada claro que en unas posibles elecciones en noviembre se puedan dar ya pasos firmes en esa línea, por ejemplo, evitando la confrontación entre Coalición Canaria y Nueva Canarias en la circunscripción de las islas orientales.


Como mal menor, como apertura de relaciones entre las partes hasta ahora enfrentadas, el autor señala la opción de una confluencia en las listas al Senado, al menos en aquellas islas en que esta sea posible. No sé si pensando en Fuerteventura, Lanzarote o en El Hierro. Le veo un elemento positivo: abrir brechas de acercamiento. Y, también, problemas. El primero, el propio hecho de quedar restringida la alianza a uno o dos territorios insulares. El segundo, si ya es difícil convencer a sus respectivos electorados que, tras años de enfrentamientos se decide dar el salto hacia una confluencia electoral -por razonable que esto nos pueda parecer a algunos y por similares que hayan sido hasta ahora las reivindicaciones de ambos en el plano estatal-, más confundidos quedarían si van de la mano a la Cámara territorial mientras, paralelamente, se enfrentan en el caso del Congreso con resultados fáciles de prever.


Investidura


Además, por mucho que pueda resultar interesante incrementar la hoy pobre nómina de representantes nacionalistas canarios en el Senado, es en el Congreso donde se juega lo más relevante de las políticas, donde pueden ser importantes los votos para la investidura, para dar estabilidad al nuevo Gobierno o, en fin, para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado u otras leyes. Más aún con unos resultados tan apretados como proyectan las distintas encuestas.


Como ocurrió en la última legislatura de Rajoy, con grandes logros del nacionalismo canario, desde la separación de los recursos del REF de los correspondientes a la financiación autonómica, que han supuesto más recursos para los servicios públicos en las Islas -permitiendo superar el palo de la financiación autonómica de 2009, que nos colocó 600 millones de euros anuales por debajo de las comunidades de régimen común- a la mejora en las ayudas al transporte de personas y mercancías, así como a distintos sectores económicos: POSEI adicional, energías renovables, sector audiovisual…

Mirada amplia


Por su parte, el líder del PNC, Juan Manuel García Ramos, reclama en su artículo “una mirada amplia” para resolver la actual situación del nacionalismo canario, en la que una de sus partes, CC, la que ha gobernado desde 1993 hasta hace unos meses la Comunidad Canaria, la que ha sido hegemónica en numerosos cabildos insulares y ayuntamientos, se ha visto desplazada prácticamente de todo el poder. Y no, esencialmente, por sus resultados electorales, sino por la negativa de las otras fuerzas políticas a pactar y continuar dando el mando de instituciones a CC.


El profesor García Ramos analiza lo sucedido en las principales instituciones de las Islas y alerta sobre la existencia de un frente de las formaciones estatalistas para aislar al nacionalismo. Y entiende que lo sucedido obliga a las formaciones nacionalistas “a una reflexión profunda sobre su situación actual y sobre los nuevos derroteros que han de seguir para paliar el ataque generalizado de los partidos españoles con representación en Canarias”. Eso sí, lo hace sin entrar en los muchos méritos que CC cosechó, de manera más intensa durante el clavijismo, desde los agravios a otras formaciones y líderes (denominándolos despreciativamente medianeros) a sus abusos mediáticos privados y públicos, que tanto rechazo han generado en numerosas personas de un amplio espectro político.


García Ramos plantea abiertamente la confluencia del espacio nacionalista, aunque se interroga sobre su estructura orgánica “más allá de partir desde lo insular hacia lo nacional canario. ¿Tal vez el modelo PNV?”. Asimismo, se pregunta si bastan los nuevos Estatuto y REF para satisfacer los objetivos del nacionalismo canario y hacia dónde se debe ir política, económica, social y culturalmente a partir de ahora. Y, sin señalarlo directamente, con sus referencias históricas, García Ramos parece defender un nacionalismo plural donde quepan las corrientes más conservadoras y las más progresistas, como surgió CC en los años noventa del pasado siglo, fruto del entendimiento entre fuerzas políticas de distinto signo y trayectoria.


Es evidente que lo sucedido tras las elecciones de mayo condiciona, y mucho, el actual debate sobre el nacionalismo, su presente y futuro. ¿Se estaría hablando de unidad, de redefinición ideológica, de modificaciones en las estructuras organizativas, de profundización en los perfiles nacionalistas, de búsqueda de la centralidad perdida… sin el brusco desalojo del poder? Es muy probable que no. Pero bienvenida sea la oportunidad de abordar estos y otros asuntos de manera abierta.


Aunque considero que sumergirnos en unas elecciones supone un pésimo panorama. Aplazará en el tiempo los imprescindibles análisis y reflexiones, poniendo en primer plano la campaña electoral en un momento especialmente difícil para el nacionalismo canario. Por la polarización estatalista y por las consiguientes dificultades para hacer llegar un mensaje propio en medio del enfrentamiento entre los distintos partidos que aspiran a colocar un inquilino en La Moncloa. En ese marco no se encuentran las mejores condiciones para un acercamiento de los nacionalistas. Pero igual no sería mucho pedir que, al menos, no se den inadecuados pasos que, innecesariamente, ayuden a incrementar las actuales distancias. La incontinencia verbal puede ser un grave problema.


FUENTE: —Publicado por CANARIAS7 el miércoles 18 de septiembre de 2019.

Escrito por: Enrique Bethencourt