Buscar

Una revolución tranquila para el nacionalismo canario

En 1960 en la provincia de Quebec tuvo lugar lo que se denominó la revolución tranquila, durante la cual el nacionalismo de derecha clerical conservador dominante hasta el momento fue reemplazado por un nacionalismo secular progresista. Uno de los aspectos interesantes de este cambio tuvo que ver con que se enmarcaba dentro de un proceso de transformación en el entorno político, social y económico dentro de la sociedad quebequesa, expresado por los analistas como coyuntura crítica. En esta, se formaron nuevos partidos, se crearon alianzas y se adoptó una nueva concepción del nacionalismo hegemónico orientado hacia el eje ideológico de la izquierda progresista. Esta nueva presencia nacionalista en el poder empujó al viejo nacionalismo de derechas a replantearse su posición estructural, llevándolos, inevitablemente, a incorporarse a la corriente de izquierda y a la unificación en una única formación, el Parti québécois, con una gran estabilidad y continuidad en el sistema de partidos.


En Canarias estamos inmersos en un proceso similar. Después de 26 años de hegemonía nacionalista de centro-derecha de Coalición Canaria (CC), en la actualidad se encuentra presente en el Gobierno de Canarias un partido nacionalista progresista, Nueva Canarias (NC). Este hecho está incentivando a varios sectores de la sociedad civil a una reconceptualización del nacionalismo imperante que gira alrededor de una idea clara: el contexto actual invita a la reunificación de la oferta nacionalista canaria en un único proyecto hegemónico y duradero, dada la alta incertidumbre y volatilidad de la política estatal.


En Canarias existen dos familias políticas que podemos clasificar como Partidos de Ámbito no Estatal (sin contar los insularistas y municipalistas que se categorizan como particularistas): una soberanista/independentista que se concentra en la plataforma Ahora Canarias (ANC, CNC y UP) con un exiguo apoyo del 0,28 por ciento de voto válido (2.539 votos) para las elecciones al Parlamento de Canarias del pasado 26 de mayo; y otra nacionalista donde se encuentran NC y CC-PNC (y sus alianzas AM y AHI). Estas formaciones representan conjuntamente el 30,85 por ciento de voto válido en los pasados comicios autonómicos (275.438 votos), reflejando el poderío que representa hoy día las fuerzas nacionalistas o estrictamente Canarias.


Ahora bien, el contexto de oportunidad política que dejó las pasadas elecciones autonómicas no fue igualitario para las formaciones nacionalistas. Aunque CC-PNC cosechó unos buenos resultados, la dinámica de pactos, las malas negociaciones y el peso de 26 años en el poder hicieron que perdieran su poder duro, el institucional. En cambio, NC siguió el camino inverso. Aunque los resultados no fueron del todo buenos, más en sus principales feudos de Gran Canaria, se mantuvieron con los mismos cinco diputados en el Parlamento de Canarias, suficientes para pactar un cuatripartito y ostentar la Vicepresidencia y la consejería de Hacienda, Presupuestos y Asuntos Europeos, poder duro. Es decir, la correlación de fuerzas invertida proporciona a los nacionalistas de NC una ventana de oportunidad para crear lo que se denominan marcadores nacionales, fundamentos políticos que ayudan a la construcción cognitiva de la nación canaria desde la congruencia entre la comunidad nacional y la comunidad social (comunidad donde deberían de operar los mecanismos redistributivos).


Para ello, es esencial que se combine el eje centro-periferia, o Estado-Canarias, con el eje izquierda-derecha, o progresismo-conservadurismo. Aquí, NC puede abanderar la causa nacionalista apostando por políticas públicas marcadamente progresistas. La ecotasa, la progresividad impositiva o la renta de ciudadanía constituyen elementos que señalan el camino a seguir para que, primeramente, la sociedad canaria se alinee con la justicia social y la igualdad y, en segundo lugar, para que consideren el autogobierno como la principal herramienta para el bienestar social. Estos marcadores nacionales deben ser el punto de partida para un consenso por parte de todos aquellos que se identifiquen como nacionalistas, puesto que sólo haciendo participe a la sociedad de la riqueza que se genera en nuestra tierra se puede aspirar a que esta se sienta representada por eso que se denomina la descentralización política.


Evidentemente, este proceso no puede ir de la mano exclusivamente de actores institucionales, sino que el acompañamiento de la sociedad civil es condición necesaria para su éxito. Los partidos políticos, al fin y al cabo, se rigen por la lógica coste-beneficio y cualquier cambio en sus rígidas estructuras se manifiesta como una posible amenaza. Con un capital social nacionalista haciendo de catalizador se puede llegar a puntos en común para esclarecer la meta deseada por todos los nacionalistas del espectro ideológico sin que nadie se presente como ganadores y perdedores.


Así pues, la vía quebequesa puede ser el espejo donde se mire el nuevo nacionalismo canario que, como han expresado autores como Josemi Martín o Enrique Bethencourt, debe articularse bajo un proyecto seductor y útil. Un partido-comunidad que concentre un amplio movimiento político y social, moderado pero firme en sus convencimientos al estilo PNV o Partido Nacional Escocés (PSN), que lleve a un proceso gradual de ganancia nacional en un marco de apertura y debate sobre las diferentes nacionalidades e identidades del estado español. El nacionalismo canario no puede perder la oportunidad de articular su particular revolución tranquila.


FUENTE: Canarias7 - Ayoze Corujo

Entrevista_ROQUE_CALERO_Versión_amplia
00:00 / 12:48